The Care Side, una entidad australiana ha creado un test para poner a prueba a más de 3.000 personas respecto a su capacidad de identificar información falsa (deepfake). Los resultados muestran que los menores de 29 años detectan ocho de cada diez contenidos falsos con apariencia de realidad, mientras que los mayores de 65 sólo son capaces de acertar poco más de la mitad y, en muchos casos, por mero azar.
Es la crisis de lo real.
“La inteligencia lo invade todo, impulsada por bots (programas informáticos que imitan el comportamiento humano) que hacen que cada vez sea más difícil separar lo auténtico del ruido” Aaron Harris, director global de tecnología (CTO) en Sage, una multinacional especializada en aplicaciones de IA.
La acumulación de los datos no logra explicar una verdad que pueda cambiar significativamente la vida de las personas, además esos datos -base de datos en la jerga- acumulan estadísticas que las marcas usan a su favor usando el algoritmo para llegar a ti, y volver a decirte que tus gustos son los mejor. No habrá, por lo tanto, espíritu crítico ante nada.
“Si lo único que contara fueran los hechos, la guía telefónica sería el libro de los libros” dice el director alemán Werner Herzog, de 83 años. En su libro “El futuro de la verdad” habla de la verdad extática que proviene del éxtasis y es aquella que promueve sentimientos o produce cambios emocionales importantes, lo que influirá en la calidad de vida de las personas porque el éxtasis es salirse de uno mismo y ver las cosas que realmente importan, que pueden cambiar la vida… ahí puede haber una verdad…
A través de la poesía y la fantasía se puede explorar una capa más profunda de la verdad, una que nos permita, más allá de la transmisión de información pura, un eco lejano de algo que pueda iluminarnos intensamente
Esto es lo más lejano a una fake news.
Es lo más lejano a un algoritmo.
